SAN FERMÍN

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"Pensamientos y Ocurrencias" por Ramón Orlandis i Despuig, S.I.

"Pensamientos y Ocurrencias" por Ramón Orlandis i Despuig, S.I.

Hace cosa de diez años, se me fue presentando al pensamiento como un esbozo de agrupación, así de varones como de mujeres; esta agrupación se me antojaba que había de ser aquella legión de almas pequeñas, instrumentos y víctimas del Amor Misericordioso de Dios, objeto de los deseos y de las esperanzas de Santa Teresita del Niño Jesús.

Estas almas, por la luz que del cielo recibirían, tendrían una comprensión íntima de la devoción genuina al Corazón de Jesús y de los designios que ha tenido Jesús al pedirla. Estas almas arderían en celo de la gloria de Dios y de la salvación de las almas y, conocedoras de la realidad, profundamente desengañadas de sus propias fuer­zas y valer y también de la eficacia de los medios semihumanos y ordinarios que nuestra pobre razón puede excogitar para hacer frente a las circunstancias y dificultades extraordinarias de nuestros tiempo, pondrían para su apostolado toda la confianza en el medio que el mismo Divino Redentor nos ha dado para vencerlas: la práctica y difusión de una sincera devoción al Sagrado Corazón de Jesús, se­gún las normas y caminos que Jesús se ha dignado señalamos.

VERDADERA INTELIGENCIA DLDEVOCIÓN ACORAZÓN DJESÚS

 Para mejor comprender lo que entendía yo por devoción sincera al Corazón de Jesús, convendrá indicar tres etapas por las cuales, desde que esta devoción se hizo pública y universal, se ha ido, a mi parecer, providencialmente desarrollando.

La primera la marcan las revelaciones de Paray-le-Monial; la segunda, los escritos y obras del P. Enrique Ramière; la tercera, la difusión de los escritos y la propagación de la devoción de Santa Teresita del Niño Jesús.

1) La primera etapa es la de Paray; es la manifestación al mundo del Sagrado Corazón, de sus íntimos pensamientos, afectos y designios y de los tesoros de gracias, de santificación y salvación que encierra y quiere derramar sobre los hombres; es la petición de parte de Jesús de un especial culto y devoción, que se tenga y se tribute a su Corazón de hombre y a su Corazón de Dios; es un quejarse Jesús amorosa, pero acerbamente de la ingratitud y ceguera de los hombres, que corresponden a su amor con olvido, desvíos, menosprecios e injurias, y no quieren recibir los beneficios y gracias que Él anhela concederles; pero, además, es una verdadera profecía de que Él reinará en el mundo a pesar de sus enemigos y esto porque por esta nueva redención destruirá el im­perio de Satanás y sobre las ruinas del mismo levantará el imperio de su Amor.

Esta primera manifestación es por cierto atrayente, alentadora y llena de amor; pero en los escritos de Santa Margarita María aparece como sobre un fondo de austeridad y aparente dureza; es una revelación de Dios en su Santidad de Amor y en su Santidad de Justicia, que mal entendida puede dar ocasión a que las almas débiles y enfermizas de nuestros días se arredren y queden dudosas y perplejas.

2) La segunda etapa, considero yo que la marcan los escritos y las empresas del P. Enrique Ramière (del santo Padre Ramière, como le llamaba el P. Gignhac). Los escritos: Apostolado de la Oración, Esperanzas de la Iglesia, Reinado social de Jesucristo, Divinización del cristiano, etc.; las empresas: Apostolado de la Oración y Liga del Corazón de Jesús, Mensajeros del Sagrado Corazón, Consagración individual y social al Corazón de Jesús. La entronización difundida por los padres de los Sagrados Corazones, según declaración apostólica, no se distingue sustancialmente de la Consagración propagada por el P. Ramière.

Todos los escritos y todas las obras del P. Ramière no son sino un desarrollo de lo que ya en germen se contenía en los escritos de Santa Margarita María; pero el P. Ramière, buen conocedor de las dificultades y peligros de nuestros tiempos, lleno por una parte de celo y de caridad verdadera y por otra del sentimiento de la impotencia de los esfuerzos humanos; pertrechado con una buena provisión de ciencia teológica y social, y sin duda dirigido y llevado del Espíritu de Dios, propone todo un sistema de ciencia espiritual y de sociología sobrenatural. Este sistema puede reducirse a pocas verdades fundamentales y aun cifrarse en dos principios, que son: el primero, el Corazón de Jesús es el centro de toda vida cristiana y espiritual, por ser fuente y origen de todas las gracias y dones que Dios hace al hombre, de todos los beneficios que le otorga en orden a su santificación y divinización; el segundo: el Corazón de Jesús es principio único y divinamente eficaz de toda restauración y renovación social en el reinado de su Amor.

Lógica consecuencia de lo dicho es que todo el esfuerzo del P. Ramière, así en sus escritos como en sus empresas, vaya ordenado a acercar a los hombres a Cristo y a su Corazón sagrado por la oración humilde y fervorosa y por la consagración o entrega sincera, consciente y amorosa de sí y de sus cosas; y esto se empeña en que lo hagan no sólo como individuos, sino también como miembros de la familia y de la sociedad a que pertenezcan para que en ellas reine Cristo. El P. Ramière, profundo sociólogo, ve al mundo abocado a una catástrofe que tiene por humanamente inevitable; pero cree firmemente que Dios la puede evitar y aún para el caso que Dios la permitiera, estima como prenda segura de la subsiguiente espléndida restauración, la devoción al Sagrado Corazón y las promesas a ella vinculadas.

Nótese que en la doctrina del P. Ramière es sustancial la relación íntima que descubre entre la devoción al Corazón de Jesús, tesoro y fuente manantial de todas las gracias, y la devoción a la Persona Divina del Espíritu Santo, Gracia increada, como dicen los teólogos, Don primordial e infinito de Dios, que recibimos en la justificación y en la santificación. Esta relación que abiertamente hace resaltar el P. Ramière, la vemos ya insinuada en las revelaciones de Paray.

También es muy de considerar en la doctrina espiritual y social del P. Ramière, la intervención que atribuye en la obra de la santificación de las almas y en la realización de los planes salvadores de Jesús a su Madre y Madre nuestra María Santísima. La presenta de una manera precisa como medianera entre Dios y los hombres en la dispensación de la gracia.

3) En la forma que tiene Santa Margarita María de proponer la devoción al Corazón de Jesús y aún en su mismo estilo, hay un no se qué de heroísmo y austeridad, que bien podría ser que arredrara a no pocas almas enfermizas y pusilánimes de nuestros días.

En los libros del P. Ramière se encierra una tal luz y profundidad de doctrina, que bien pudiera no estar al alcance de no pocas inteligencias débiles, de no pocos espíritus anémicos y apocados.

A estas almas pobres y débiles, miopes y enfermizas, quiere que llegue también su llamamiento misericordioso el bondadoso Corazón de Jesús, que invita a su banquete a los ciegos, cojos, etc., y les sana como Médico divino. Como mensajera de sus misericordias inefables con estas almas débiles y pequeñas envía el misericordioso Jesús a Santa Teresita, para que reciban aliento, luz y confianza los pobres enfermos de espíritu, tal vez menospreciados o desahuciados de sus maestros y médicos.

Todo el fondo de santa austeridad y severidad de Santa Margarita María, toda la elevación y profundidad de doctrina, de anhelos de esperanzas del P. Enrique Ramière, podrá descubrir en los breves y fragmentarios escritos de la Santita de Lisieux quien lea una y otra vez sus palabras, humilde y amorosamente. Mas, reparte ella sus enseñanzas y exhortaciones como envueltas y empapadas en su sonrisa angelical, que es de tal sencillez y agrado, que parece un reflejo viviente y sensible de la ternura del Corazón de Jesús para con los pequeñuelos. Por otra parte, sus enseñanzas van propuestas con tan sencilla llaneza y claridad transparente, que no hay espíritu, por poca cosa que sea, que no pueda hallar allí su alimento acomodado, luz que le guíe y no le ciegue. Y así son incontables las almas, antes decaídas y acobardadas, que atraídas y alentadas por el atrac­tivo celestial de la Santa y lo consolador de su doctrina, han cobrado alientos increíbles para subir por el ascensor de la humilde y suave confianza hasta la más elevada cumbre del amor de sacrificio; desde el humilde y sencillo sentimiento de su nada y de su impotencia, por el camino de la infancia espiritual, sembrado de rosas con espinas, hasta la entrega eficaz, perfecta y absoluta de sí al Amor Misericordioso de Dios. Santa Teresita no sermonea incesantemente sobre la utilidad y necesidad de la devoción al Corazón de Jesús; tampoco teoriza sobre los principios dogmáticos y espirituales en que tal devoción se funda. Pero de la lectura de sus escritos nace espontáneamente en el alma, tan santa, dulce y salvadora devoción, porque el espíritu verdadero de la misma unge y embalsama sus palabras y en ellas el alma que antes no conocía el Amor, lo siente, lo ve y lo gusta.

Las almas tibias y sutilmente sensuales cogerán quizás de las enseñanzas de la Santa sólo las flores con que las cubre y así distarán mucho de su espíritu, pensando que lo conocen y poseen; pero las almas débiles y humilladas, no: éstas encontrarán en las palabras de la Santa lo que antes tal vez buscaban en balde, el remedio de sus males: el Amor Misericordioso del Corazón de Jesús.

Allí conocerán con nueva luz a María, Madre de Gracia y de Misericordia; allí de una manera singular al Espíritu de Dios, al Espíritu de Amor, como suele hablar la Santa, en el cual llamamos a Dios, Padre. De esta manera el alma se embeberá en estas devociones que son fondo y complemento de la devoción al Corazón de Jesús.

Por lo dicho se entenderá cómo concebía yo el espíritu y la formación de los que formaran la legión. Penetrados íntimamente del valor espiritual y social de las Revelaciones de Paray, no vacilarían un punto en aceptar como principal medio de su propia santificación y también de su apostolado el cumplimiento interno y externo, fervoroso y exacto, de los encargos y peticiones que en ellas hace el Sagrado Corazón ni en esforzarse en vivir del espíritu que las anima, ni en poner siempre ante los ojos el ideal sublime que las impulsa y dirige. Encariñados con las gracias y luces que Dios ha derramado en Santa Teresita y en sus escritos, y amaestrados por la experiencia de la virtud espiritual que en ellos se encierra, imitarían su manera de practicar y propagar el espíritu verdadero de la Devoción y de alentarse y esforzarse con sus promesas.

Por fin, no contentándose en cuanto les fuera dado, perezosamente, como la fe del carbonero, procurarían comprender humilde y amorosamente, con el P. Ramière, por qué el Corazón de Jesús es el centro del dogma cristiano y de la vida espiritual y por qué su devoción ha de ser la tabla de salvación en el diluvio de males que nos amenaza y ahoga. Sabrían que no es algo accidental, sino en absoluto esencial en nuestros días el invocar y rendir homenaje a Cristo como Rey de las almas y de los pueblos; la trabazón íntima e indestructible entre la devoción a Cristo Rey y la devoción al Sagrado Corazón, etc., y otros puntos puestos en claro en los escritos del Padre y según estos conocimientos y convicciones más o menos íntimas y profundas, según la capacidad de cada persona y la luz que el Señor le comunicare, determinarían sus miras e impulsarían su acción.

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Notas: [1]
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   Escrito en 1934, y expresivo del carisma apostólico del Padre Orlandis, se alude a él en las sucesivas redacciones de los estatutos de Schola Cordis Iesu.


 

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  • San Alfonso María de Ligorio
    San Alfonso nació cerca de Nápoles el 27 de septiembre de 1696. Siendo aún niño fue visitado por San Francisco Jerónimo el cual lo bendijo y predijo para él grandes bendiciones y sabiduría. A los 16 años, caso excepcional obtiene el grado de doctor en ambos derechos, civil y canónico, con notas sobresalientes en todos sus estudios. Para conservar la pureza de su alma escogió un director espiritual, visitaba frecuentemente a Jesús Sacramentado, rezaba con gran devoción a la Virgen y huía de todos los que tuvieran malas conversaciones. Su padre, que deseaba hacer de él un brillante político, lo hizo estudiar varios idiomas modernos, aprender música, artes y detalles de la vida caballeresca. Como abogado, el santo obtenía importantes triunfos; sin embargo, no lo dejaba satisfecho ante el gran peligro que en el mundo existe de ofender a Dios. Por revelación divina, San Alfonso abandona todo y decide convertirse en apóstol incansable del Señor Jesús. La tarea no fue fácil; tuvo que enfrentar, con gran lucha espiritual, a su padre y familia, a sus amigos y así mismo. Al fin, a los 30 años de edad logra ser ordenado sacerdote, y desde entonces se dedicó a trabajar con las gentes de los barrios más pobres de Nápoles y de otras ciudades, a quienes les enseñaba el catecismo. El 9 de noviembre de 1752 fundó, junto con otros sacerdotes, la Congregación del Santísimo Redentor (o Padres Redentoristas), y siguiendo el ejemplo de Jesús se dedicaron a recorrer ciudades, pueblos y campos predicando el evangelio. Por 30 años, con su equipo de misioneros, el santo recorrió campos, pueblos, ciudades, provincias, permaneciendo en cada sitio 10 o 15 días predicando, para que no quedara ningún grupo sin ser instruido y atendido espiritualmente. San Alfonso fue un escritor muy prolífico; al morir dejó 111 libros y opúsculos impresos y 2 mil manuscritos. Durante su vida vio 402 ediciones de sus obras. En 1762 el Papa lo nombró obispo de Santa Agueda. San Alfonso, quien no deseaba asumir el cargo, aceptó con humildad y obediencia, permaneciendo al frente de la diócesis por 13 años donde predicó el Evangelio, formó grupos de misioneros y dio catequecis a los más pequeños y necesitados. Sus ultimos años fueron llenos de sufrimientos y enfermedades dolorosas; el santo soportó pacientemente todos estos males, rezando siempre por la conversión de los pecadores y por su propia santidad. San Alfonso muere el 1 de agosto de 1787, a la edad de 90 años. El Papa Gregorio XVI lo declara Santo en 1839. El Papa Pío IX lo declara Doctor de la Iglesia en 1875.

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