SAN FERMÍN

Misas domingos y festivos: 10:00, 12:00, 19:00

Lunes a sábado: 11:00, 19:00

SANTOS MÁRTIRES DE UGANDA

Misas domingos y festivos: 11:00

CONFESIONES 

30 min. antes de las misas

Domingos: 10:00 - 11:00 y 12:00 - 13:00

Siempre que se solicite

 

El Camino Neocatecumenal

Nace del anuncio de la BUENA NOTICIA (KERYGMA), que es CRISTO vencedor en nosotros de la muerte y del pecado.

No es un grupo espontáneo, ni una asociación; no es un movimiento de espiritualidad, ni un grupo selecto dentro de la parroquia. Es un camino vivido en régimen de pequeñas comunidades formado por personas de edad, condición social, mentalidad y cultura diferentes, que dentro de la estructura de la parroquia y en comunión con el Arzobispo, reviven en plenitud su bautismo.

Este anuncio del KERYGMA es llevado, de acuerdo con el párroco, por un equipo de catequistas de otra comunidad, que va más adelante en el camino.

Después del anuncio, que se hace durante dos meses de catequesis, la comunidad inicia su camino neocatecumenal, en el que se revive el bautismo en diferentes etapas, semejante al de la Iglesia primitiva. La vida de la comunidad durante todo el camino, se basa en la escucha de la PALABRA, en la LITURGIA y en la CARIDAD FRATERNA.

Así, estas pequeñas comunidades abren en la parroquia un camino de conversión, para todos aquellos que quieran pasar de una fe infantil a una fe adulta. A la luz del Concilio Vaticano II, el neocatecumenado aparece como un camino concreto para edificar la Iglesia en pequeñas comunidades, para que sean, en el mundo, EL CUERPO VISIBLE DE CRISTO RESUCITADO.

No se impone, siente el deber de no destruir nada, de respetar todo, presentando el fruto de una Iglesia que se renueva a sí misma y que dice a su mayores que han sido fecundos, porque de ellos ha nacido.

Es una respuesta concreta a la necesidad de evangelización hoy en la parroquia y en la diócesis. Lleva adelante esta misión, viviendo el camino neocatecumenal en la total obediencia a la comunidad madre, para dar en el interior de la parroquia los signos de la fe: el AMOR en la dimensión de la Cruz y la perfecta UNIDAD (Jn 13, 35; 17,21).

En la medida que la comunidad da estos signos, llama a los hombres a conversión. Y sucede así que la comunidad que surge se hace ella misma anunciadora de la BUENA NUEVA y de ella nacen nuevas camunidades.

El Camino Neocatecumenal comienza en la Parroquia San Fermin en el año 1975. En la actualidad existen 7 comunidades, con más de 200 hermanos.

EVANGELIO DEL DIA

05 Marzo 2024

SANTO DEL DÍA

05 Marzo 2024

  • Santa Liduvina
    Santa Liduvina es la Patrona de los enfermos crónicos, quienes ofrecen su sufrimiento para la remisión de sus pecados y la conversión de los pecadores. Nació en Schiedam, Holanda, en 1380. Su familia era sumamente piadosa y a la niña le encantaba recoger regalos para llevarlos a gentes muy necesitadas. A la edad de 15 años sufrió un terrible accidente que le dañó severamente la columna vertebral y la postró en cama casi paralizada. Su estado de salud empeoraba cada día, con continuos vómitos, jaquecas, fiebre intermitente y dolores por todo el cuerpo. La santa sufría mucho a causa de estos tormentos; se entristecía cada vez que escuchaba jugar y reir a sus compañeros, y se preguntaba porque Dios había permitido que padeciese tan duro martirio. Sin embargo, un día, conoció al Padre Pott, nuevo párroco de la parroquia que estaba cercaba a su casa. Este virtuoso sacerdote le recordó que "Dios al árbol que más lo quiere más lo poda, para que produzca mayor fruto y a los hijos que más ama más los hace sufrir". Y luego colocó en frente de la cama de la santa un crucifijo, pidiéndole que de vez en cuando mirara a Jesús crucificado y se comparara con El y pensara que si Cristo sufrió tanto, debe ser que el sufrimiento lleva a la santidad. Al principio la joven se negaba a seguir el consejo del sacerdote; pero pronto empezó a mirar al Cristo y a meditar en sus heridas, en sus angustias y dolores y a meditar en su Santísima Pasión y este recuerdo de los sufrimientos de Jesús le produjo un cambio total en su modo de pensar y de sufrir: pidió a Jesús que le diera valor y amor para sufrir como Él por la conversión de los pecadores, y la salvación de las almas. Descubrió que su "vocación" era ofrecer sus padecimientos por la conversión de los pecadores. Y para ello se dedicó a meditar fuertemente en la Pasión y Muerte de Jesús. La enfermedad fue invadiendo todo su cuerpo; pero nadie la veía triste o desanimada, sino todo lo contrario: feliz por lograr sufrir por amor a Cristo y por la conversión de los pecadores. Pasó 38 años de su vida paralizada, sin comer o beber algo pues sólo se aliementaba con la Sagrada Comunión que recibía a diario. La santa además recibió de Dios los dones de anunciar el futuro a muchas personas y de curar a numerosos enfermos, orando por ellos, y a los 12 años de estar enferma y sufriendo, empezó a tener éxtasis y visiones. En los últimos siete meses, la santa no podía conciliar ya el sueño a causa de sus tremendos dolores, pero nunca dejó de elevar su oración a Dios, uniendo sus sufrimientos a los padecimientos de Cristo en la Cruz. El 14 de abril de 1433, día de Pascua de Resurrección poco antes de las tres de la tarde, pasó santamente a la eternidad. Antes de morir, pidió que su casa se convirtiera en hospital para pobres.
  • Viernes Santo de la Pasión del Señor
    La tarde del Viernes Santo presenta el drama inmenso de la muerte de Cristo en el Calvario. La cruz erguida sobre el mundo sigue en pie como signo de salvación y de esperanza. Con la Pasión de Jesús según el Evangelio de Juan contemplamos el misterio del Crucificado, con el corazón del discípulo Amado, de la Madre, del soldado que le traspasó el costado. San Juan, teólogo y cronista de la pasión nos lleva a contemplar el misterio de la cruz de Cristo como una solemne liturgia. Todo es digno, solemne, simbólico en su narración: cada palabra, cada gesto. La densidad de su Evangelio se hace ahora más elocuente. Y los títulos de Jesús componen una hermosa Cristología. Jesús es Rey. Lo dice el título de la cruz, y el patíbulo es trono desde donde el reina. Es sacerdote y templo a la vez, con la túnica inconsútil que los soldados echan a suertes. Es el nuevo Adán junto a la Madre, nueva Eva, Hijo de María y Esposo de la Iglesia. Es el sediento de Dios, el ejecutor del testamento de la Escritura. El Dador del Espíritu. Es el Cordero inmaculado e inmolado al que no le rompen los huesos. Es el Exaltado en la cruz que todo lo atrae a sí, por amor, cuando los hombres vuelven hacia él la mirada. La Madre estaba allí, junto a la Cruz. No llegó de repente al Gólgota, desde que el discípulo amado la recordó en Caná, sin haber seguido paso a paso, con su corazón de Madre el camino de Jesús. Y ahora está allí como madre y discípula que ha seguido en todo la suerte de su Hijo, signo de contradicción como El, totalmente de su parte. Pero solemne y majestuosa como una Madre, la madre de todos, la nueva Eva, la madre de los hijos dispersos que ella reúne junto a la cruz de su Hijo. Maternidad del corazón, que se ensancha con la espada de dolor que la fecunda. La palabra de su Hijo que alarga su maternidad hasta los confines infinitos de todos los hombres. Madre de los discípulos, de los hermanos de su Hijo. La maternidad de María tiene el mismo alcance de la redención de Jesús. María contempla y vive el misterio con la majestad de una Esposa, aunque con el inmenso dolor de una Madre. Juan la glorifica con el recuerdo de esa maternidad. Ultimo testamento de Jesús. Ultima dádiva. Seguridad de una presencia materna en nuestra vida, en la de todos. Porque María es fiel a la palabra: He ahí a tu hijo. El soldado que traspasó el costado de Cristo de la parte del corazón, no se dio cuenta que cumplía una profecía y realizaba un último, estupendo gesto litúrgico. Del corazón de Cristo brota sangre y agua. La sangre de la redención, el agua de la salvación. La sangre es signo de aquel amor más grande, la vida entregada por nosotros, el agua es signo del Espíritu, la vida misma de Jesús que ahora, como en una nueva creación derrama sobre nosotros. LA CELEBRACIÓN Hoy no se celebra la Eucaristía en todo el mundo. El altar luce sin mantel, sin cruz, sin velas ni adornos. Recordamos la muerte de Jesús. Los ministros se postran en el suelo ante el altar al comienzo de la ceremonia. Son la imagen de la humanidad hundida y oprimida, y al tiempo penitente que implora perdón por sus pecados. Van vestidos de rojo, el color de los mártires: de Jesús, el primer testigo del amor del Padre y de todos aquellos que, como él, dieron y siguen dando su vida por proclamar la liberación que Dios nos ofrece. *Visite nuestro especial de Semana Santa en http://www.aciprensa.com/Semanasanta/index.html

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